ALGO CORTO
La verdad es, que las personas no nacemos amando el arte, la pintura, ni la música; esas son cosas que nos educan desde niños. En algunas ocasiones de manera intencional y en otras de manera accidental. Mi fascinación por la música fue un aprendizaje meramente accidental, igual que mi gusto por escribir. Nadie me inculcó nada de manera precisa, de hecho, me gusta la música antigua, no solo porque es hermosa, sino porque mi abuela la escuchaba, la cantaba y a mí me gustaba escucharla cantar; que era algo que sucedía, muy rara vez en el tiempo, pero a veces sucedía. Cuando descubrí de trágica manera que me gustaba escribir, me di cuenta de que mi mundo estaba rodeado de historias, algunas que vivía, otras que escribía y otras que jamás contaba.
Esta mañana me di cuenta de que había una historia triste que tal vez en otro momento no habría contado. Y esta historia está relacionada con esa música de antes y el caballero del retrato. A él le gustaba el tango y mucho, componía, cantaba, escuchaba, pero no bailaba. Su nombre, es Luis Belén Silva Sánchez, mi abuelo paterno. Por él es que el caballero en mi cabeza, que me cuenta historias, se llama Belén y de allí que también sea Belén mi segundo nombre. Esta mañana, por cosas de la vida volvió a sonar en mi cabeza un tango que me gusta y pensé en mi abuelo. Me dí cuenta de que nos hubiésemos llevado muy bien, no solo porque él sintiera un inmenso cariño por las niñas, como me cuenta mi papá, sino también, porque me habría encantado escucharlo cantar, componer y escuchar música con él.
Y justo allí, es donde caigo en cuenta de lo triste de esta historia. Jamás aprendí a bailar con mi papá, porque no me gusta tanto la salsa, pero me gusta el tango y me habría encantado aprender a bailarlo, pero mi abuelo nunca habría podido enseñarme, porque él no podía caminar sin su muleta y su bastón. Los usaba desde niño, porque sufrió parálisis infantil y tenía una pierna más corta que la otra. Amó el tango y jamás pudo bailar más que sentado. Pero aun así, era muy feliz con la música y eso enamoró a mi abuela y por accidente, también a mí. Ojalá ahora, pueda bailar tangos con mi abuela, como siempre quiso.
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