NI VIVO, NI MUERTO
Estaba sentado junto a mi cuerpo. De nuevo estaba muerto, esta vez me habían volado la cabeza de un disparo, algo así como una ejecución. Parados a mis espaldas, un solo disparo a la cabeza. Miserables, ni siquiera se atrevieron a mirarme a la cara, porque sabían que no era a mí a quien buscaban, pero ya no importaba, estaba muerto; otra vez. Mi cuerpo había caído de cara al suelo, así que ni siquiera sabia si había quedado con los ojos abiertos. Solo recuerdo haber tomado aire, tal vez haberlos cerrado y luego; luego los abrí para sentarme junto a mí. Al menos no había resultado doloroso, estoy seguro de no haber sentido nada esta vez. Creó que mi cerebro se volvió papilla tan rápido que no pude sentir nada.
Tampoco fue tan desesperante como la ocasión anterior, cuando acabé ahogándome por saltar a un río, a sacar a un mocoso estúpido. Él se salvó, pero nadie saltó a salvarme a mí. La falta de aire se vuelve algo agobiante, cuando los pulmones y el estomago comienzan a llenarse de agua, luchas para sacar la cabeza, pero el río te impulsa, pierdes las fuerzas en los brazos y las piernas, el agua es una contrincante formidable. Comienza a faltarte el oxigeno y luego, solo te apagas. Sin embargo, esa ocasión no fue tan dolorosa como cuando me quemé vivo, porque mi auto falló y me estrelle en la carretera. La puerta quedó destruida, el cinturón de seguridad se atascó, perdí el sentido, el auto se llenó de humo, me despertó mi propia tos y el intenso dolor que empezaba en mis piernas.
Habría deseado que solo explotara, pero no. Mi cuerpo empezó a encenderse, el fuego subió por mis pantalones y en un momento el dolor se vuelve tan intenso que, pues, pierdes la cordura. No podía desatarme, no podía pensar. El calor me entraba por la nariz y la boca y cuando pensé que seria el dolor lo que me mataría, mi garganta se inflamó y no conforme con que mi cuerpo se quemaba, no podía respirar, así que en esa ocasión no estoy seguro de si morí de dolor o de asfixia, no me dio la gana de escuchar lo que el forense tuvo que decirle a la policía, quienes además, ya habían concluido que conducía ebrio, cuando yo, jamas había probado alcohol. Pero bueno, allí estaba muerto, de nuevo. Me pregunte entonces ¿Que otra forma de morir podía faltarme? Ya me habían aplastado, nada agradable debo decir; me habían disparado, en varios lugares. Me habían apuñalado, una muerte lenta y dolorosa esa vez. Me habían envenenado, creo que es una de las peores. ¿Que más podía faltar?
Decidí ponerme de pie y empezar a caminar, a fin de cuentas quedarme sentado junto al cadáver de quien alguna vez fui, no tenia mucho sentido. En el lugar en el que habían dejado ese cuerpo que use, no iban a encontrarlo. Un viejo hospital abandonado a las afueras de la ciudad, a casi seis kilómetros de la estación de servicio, más cercana. Para cuando alguien diera con él, sería una pila de huesos. Caminé solo por el edificio para encontrar la salida y volver al camino principal. La mejor opción que tenia era regresar a la ciudad, para no sentirme tan... Iba a decir solo, pero la verdad, en esta condición acabas sintiéndose solo en cualquier lado. No había nadie más allí. Al menos nadie más en mi condición, creo que no existe nadie más con este problema. Al menos espero que no.
Sabía que tarde o temprano aquella fuerza, que aún no conseguía descubrir que era, volvería a obligarme a tomar un cuerpo nuevo y regresar otra vez al campo físico al que nos acostumbramos tanto. Estaba cansado de eso, ya había hecho lo mismo tantas veces que había perdido la cuenta. Quería decirle que no quería volver a nacer, que quería quedarme allí, pero al parecer esa no era mi decisión. Quería decirle que lo recordaba todo, que había recordado mis vidas pasadas cada vez que volvía al mundo y que cada vez me sentía más paranoico con respecto a la muerte y a las personas.
Cada vez aprendía más rápido, aunque en realidad no aprendía, porque ya sabia las cosas. Era un niño que caminaba antes de cumplir un año, hablaba con fluidez a los dos años y a los cinco años ya sabia leer y matemáticas. Había sido niño prodigio y estudiantes destacado muchas veces. En múltiples ocasiones me había hecho el retrasado solo para molestar o más bien para que no me molestaran. Había sacado varias carreras, ingeniería en su mayoría. Afortunadamente nunca había nacido en el género opuesto. No me imaginaba como mujer. Había tenido varias esposas, una de ellas incluso me asesinó y después de eso preferí quedarme soltero de nuevo. Además no podía conseguir que nadie comprendiera lo que me sucedía.
Encontré la calle principal en un momento y comencé a caminar en dirección a la ciudad.
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